

Nací en Gran Canaria y soy la hermana mayor de tres hermanos. Tengo raíces andaluzas y portuguesas, y viví en Venezuela en mi primera infancia, una etapa muy feliz, en la que me movía libre, sin sentir que tenía que pedir permiso para existir.A los seis años regresé a España y todo cambió. Nuevo colegio, otro ritmo, una madre menos disponible. Además, yo era una niña que destacaba, y eso despertó rechazo en lugar de apertura. En mi intento por pertenecer fui aprendiendo que sobresalir tenía un precio y, casi sin darme cuenta, empecé a hacerme a un lado.Poco a poco me alejé de mi manera natural de ser. Me adaptaba para encajar y priorizaba lo que se esperaba de mí. Me daba vergüenza llamar la atención y mostrarme tal como era, y eso fue marcando mi forma de relacionarme.Con los años comprendí que aquella experiencia, y otras que vinieron después, no solo me condicionaron; también orientaron mi camino profesional. Estudié Psicología porque quería comprender qué nos pasa a las personas: por qué pensamos, sentimos y actuamos de la forma que lo hacemos. Necesitaba poner palabras a lo vivido y encontrar una manera más libre y auténtica de estar en el mundo.Siempre he querido viajar y vivir en otros lugares. A los 19 años me fui seis meses de au-pair a Dublín. Un tiempo más tarde, a Alemania un par de años, donde terminé mi carrera de Psicología (por la UNED).Luego, regresé a España, y viví 8 años en Galicia. Esta etapa fue muy hermosa y dura a la vez. Hubo dos nacimientos: mis dos hijos (gemelos) en 2007 y mi primera consulta de psicología y espacio online "Psicoencuentro" en 2009.Estar presente durante la crianza y disfrutar de ella con mis hijos era una prioridad, así que, gran parte de estos años estuve centrada en la maternidad.Empecé con la consulta online desde mis inicios, cuando todavía muy pocos psicólogos lo hacían, con los medios que había entonces (email, Skype), y de esa forma pude conciliar vida laboral y familiar.Cuando recibí a mis primeros pacientes/clientes, recuerdo sentirme ilusionada y con mucho vértigo, a la vez. Que alguien se abriese y me mostrara su vulnerabilidad era una gran responsabilidad, y yo quería estar a la altura. En mis primeras sesiones conté con la supervisión de Luis Ángel Saúl, profesor de universidad, que fue un gran apoyo en aquellos momentos.Desde el principio supe que no quería ser la típica psicóloga de bata blanca detrás de la mesa de un despacho. Necesitaba estar al lado de la persona, no enfrente. Quería proporcionar un espacio de acogida, donde pudieran sentirse cómodos y seguros, incluido en la terapia online.Con el tiempo me di cuenta de algo importante: a todo aquello le faltaba el cuerpo. La palabra en un entorno cálido era valiosa, pero no suficiente. Había emociones que no se regulaban únicamente hablando. Yo misma lo estaba experimentando. En un momento de crisis personal apareció el mindfulness, que me enseñó a escuchar el cuerpo, a no identificarme tanto con los pensamientos y a dar espacio a lo que sentía. Después llegó el yoga. A través de la práctica fui aprendiendo a escuchar el cuerpo con más sutileza, a respetar sus ritmos y sus límites, y a habitarlo con mayor presencia.2023 fue un gran momento porque descubrí dos sistemas de autoconocimiento y desarrollo personal muy potentes y completos: la Biodanza y el Diseño Humano.Así, paralelamente a mi evolución personal, adquirí una forma más integradora de abordar la psicoterapia y mi trabajo de acompañamiento.Un año después llegaron a mi vida el lindy hop y el blues. El baile y la música han supuesto el reencuentro con mi alegría de vivir. ¡He vuelto a disfrutar como una niña ☺️!Dentro de todo, el haber sido madre ha sido el mayor regalo. Me ha permitido, además, entender los desafíos de la conciliación y la carga invisible que muchas personas, en particular las mujeres, sostienen a diario.Mi misión es ayudarte a recuperar tu autoridad interna, amor propio y mantener relaciones nutritivas y auténticas. Mi lema: “sé amable contigo misma”.

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